Javier Fesser: “Teresa Perales acabará teniendo más Premios Goya que yo”

Le encanta trabajar con actores noveles, “aportan novedad, frescura y espontaneidad”. Tiene una sensibilidad especial por la protección de la infancia, “me tiraría al fondo del océano por esa causa ahora mismo”. Y ha descubierto una nueva faceta de la nadadora con más medallas paralímpicas, Teresa Perales, “ha sido perfecto tenerla en el corto”. Hablamos con Javier Fesser sobre su último trabajo: ‘Servicio Técnico’.

El guionista, director y ganador de varios Premios Goya, Javier Fesser, estrenó el pasado 15 de marzo su último trabajo ‘Servicio Técnico’. Un cortometraje “muy loco”, rodado en sólo dos días, con Teresa Perales como protagonista y Javier Gutiérrez, Hugo Silva y César Maroto como compañeros de reparto. “Un cuarteto del cuál estoy encantado”, confiesa el director.

Pregunta: ¿Qué tal fue el rodaje de Servicio Técnico? ¿Cómo viste a Teresa Perales?

Respuesta: El rodaje fue intensísimo (rodamos una mini película de unos 15 minutos en dos días) y bastante divertido. La facilidad que nos encontramos fue que rodeamos a Teresa de grandísimos actores y resultó que también rodeamos a esos actores de una grandísima Teresa. Como ya dejó muy claro en los primeros ensayos que hicimos, Perales tiene una gran capacidad, gracia y rapidez. El trabajo realizado ha sido una sorpresa positiva tras otra y eso es lo que sencillamente define a Teresa: la positividad.

P: ¿Habías trabajado antes con personas que nunca se han puesto delante de las cámaras como Teresa?

R: Soy bastante especialista en trabajar con actores noveles, muchos de los cuales puede que tengan 80 años. Desde mis primeros cortos en Películas Peldenton, me ha encantado trabajar con gente que nunca ha actuado. Me gusta, por un lado, porque siempre busco personajes diferentes y, por otro, porque las personas que no tienen una experiencia previa aportan novedad, frescura y espontaneidad, algo que para mí también supone una sorpresa en el momento del rodaje.

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P: ¿Qué te transmitió Teresa al conocerla? ¿Y en el rodaje?

R: Básicamente, buen rollo. Es una persona totalmente colaboradora y, como compañera de cualquier aventura, es la mejor. Su sola presencia ya transmite alegría, ganas de hacer, de compartir y de jugar. Y como este cortometraje, todos los que lo hemos hecho, lo hemos convertido en un juego, ha sido perfecto tener a Teresa Perales en él.

P: ¿Cómo te surgió la idea del guión? ¿Por qué ese personaje para Teresa Perales?

R: He tratado de sacar a Teresa de su imagen, de su rol habitual, y hacer que se enfrente al reto de interpretar a un personaje en una película. En nuestra historia vemos a una señora que no tiene nada que ver con ella. Su condición de discapacitada (y lo digo entre comillas porque habría que ver cuál es la discapacidad de esta persona, yo todavía no la conozco) es algo más de ese personaje pero que no interviene en el guión. La pongo ante situaciones en las que tiene que cambiar de tono, de actitud, de ánimo y energía de un plano a otro. Es ahí donde está la sorpresa del arte interpretativo de Perales, que ya tiene 22 medallas paralímpicas y que ahora acabará teniendo más Premios Goya que yo.

P: En cuanto al reparto, ¿cuando escribiste el guión ya sabías quién acompañaría a Teresa?

R: Normalmente nunca elijo o pienso en caras concretas antes de escribir algo, trato de no condicionarme por eso. Cuando escribí esta historia, la única persona que existía era Teresa Perales. Una vez terminada, pasé a pensar quiénes serían los actores ideales para acompañarla. Y hemos tenido la enorme suerte de poder contar con tres monstruos. Aunque, como te decía antes, Teresa ha estado tan a la altura que esos tres monstruos han tenido que trabajárselo mucho. Para ellos, que llevan muchos años trabajando de esto, la actitud de la nadadora ha sido una motivación y un aliciente. Javier Gutiérrez, Hugo Silva y César Maroto han hecho un cuarteto con Teresa perales del cual estoy encantado.

P: ¿Alguna anécdota durante el rodaje? ¿Algo que te sorprendiese o te llamase la atención?

R: Un rodaje es un saco de anécdotas. Cuando tienes a muchas personas trabajando en un mismo proyecto a una velocidad vertiginosa, está servido el caldo de cultivo perfecto para que ocurran cosas que no tenías previstas. Yo me voy a quedar con la fortaleza de Teresa Perales, quien tras rodar el viernes 12 horas y el sábado otras 16 horas, los 50 minutos de la comida y de descanso, los utilizaba para hacer su entrenamiento de hipoxia. Pero lo más espectacular es que después de estas jornadas tan intensas de rodaje, Perales también se iba a nadar a una piscina. Toda una lección de fortaleza, voluntad y de que no hay barrera posible cuando deseas algo y tienes un objetivo claro.

P: Pasamos a ti Javier, ¿cómo te definirías? ¿Cómo eres como director?

R: No sé, nunca me había visto en la tesitura de definirme. Pero, aprovechando que tenemos este rodaje tan cercano, diría que mi trabajo es sorprendentemente caótico para el resultado que obtengo al final, donde parece que todo ha sido más ordenado, planeado y mejor diseñado. No hablo sólo de improvisación, sino que cada minuto estoy abierto a lo que la vida me ofrece. Todo puede cambiar si por delante pasa algo que lo mejora o inspira. Eso para mí es muy apetecible creativamente hablando, pero para el equipo muchas veces es una locura. Utilizo un método, que no se lo recomiendo a nadie, pero que a mí me da buen resultado y me lleva a hacer películas en las que me reconozco, veo mi sello.

P: ¿Qué es lo que te inspira a la hora de escribir un guión?

R: Como en todos los ámbitos, la inspiración viene cuando trabajas. Aunque a veces surgen ideas buenísimas que provienen de la realidad. Las historias de todos mis cortos tienen su germen en algún acontecimiento que, de repente, la vida me ha puesto por delante. Cuando veo o escucho algo en el metro, el hospital, en un taxi… me encanta pensar en el inicio de la historia, cómo se desarrollaría y como podría acabar. Desde hace muchos años voy apuntando pequeñas historias e ideas en una carpeta y muchas veces echo mano de ellas. El momento en el que se te enciende la chispa y empiezas a ver la historia en tu cabeza, es muy bonito; y más en un corto, donde desde el inicio ya ves la luz al final del túnel.

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P: ¿Alguna superstición, manía o costumbre antes, durante o después del rodaje?

R: No, que yo sepa no tengo ninguna costumbre o manía. Como te decía antes, dentro de esa especie de desorden, de caos, está también la peculiaridad de no repetir nunca el ‘modus operandi’. Si fuera objetivo de un grupo terrorista, se volverían locos porque, por desgracia para mí, no voy nunca a mi casa por el mismo sitio, no por nada sino porque me pierdo. No compro nunca en el mismo supermercado, no echo gasolina en el mismo sitio, nunca ruedo de la misma manera, ni con la misma cámara, ni con la misma cabeza.

P: ¿Quiénes son las chicas Fesser? ¿Podría ser Teresa Perales la futura chica Fesser?

R: De forma natural me encanta contar historias de mujeres. Me gustó entrar en el mundo de una joven y de su madre en ‘Camino’, meterme en las circunstancias de una niña africana en ‘Binta y la gran idea’ y he disfrutado contando la historia de otra pequeña en ‘Bienvenidos’, una película que hemos rodado en Perú. Así como al principio, en ‘El milagro de P. Tinto’ o Mortadelo los personajes masculinos eran los protagonistas, ahora hay una evolución natural y nada pensada hacia los femeninos. La relación especial entre las mujeres y los hombres sobre los que he escrito es la ternura y la sencillez. Me agrada la gente sencilla en la vida y me siento muy a gusto cuando trabajo con esos personajes. Me gusta lo que para mí son las mujeres importantes. Y estas no son las presidentas del gobierno, ni las que salen en las revistas con un cuerpo espectacular; para mí las mujeres importantes son las que aportan cosas a la sociedad, como Teresa Perales, o las que lo dan a una pequeña comunidad, como las chicas que te he mencionado antes de Perú y África. En general, la gente que no sale mucho en los periódicos, me interesa mucho más que la que sale.

De forma natural me encanta contar historias de mujeres

P: ¿Qué es lo que más te gusta de todo el proceso que conlleva estrenar una película?

R: Me gusta todo, pero creo que el montaje es el momento que me aporta más satisfacción personal y más placer. Es ese momento en el que todo está hecho, para bien o para mal, en el que no hay marcha atrás en muchas cosas y, sin embargo, la película está totalmente viva y es completamente flexible. De repente, la frase que pensabas que iba aquí, va en otro sitio, o no va o va tres veces, y la secuencia que pensabas que era inamovible para terminar la película resulta que la abre. Me encanta pensar que la película todavía no está sentenciada en su estructura, duración y tono.

P: Si tuvieras que escoger… ¿cortometrajes o largometrajes?

R: El mundo del cortometraje me apasiona. Me gusta mucho manejarme en producciones sencillas que se montan rápidamente y donde el proceso de rodar se convierte en un laboratorio, en un taller de probar cosas, de experimentar y de jugar. Hay mil cortos que me fascinan, pero hay uno que nunca se me ha ido de la cabeza desde el día que lo vi, se llama ‘La Isla de las Flores’. Es una peliculita corta que a mí me pareció espectacular.

P: ¿Y cortometrajes tuyos?

R: Cómo te voy a recomendar míos con la cantidad de cortos maravillosos que hay por el mundo… Mi obra cumbre es ‘Pancho y Pincho’, un cortometraje que dura un minuto y medio. Creo que pasaré a la historia por él, pero ‘Pancho y Pincho’ hay que verlo con su making of adicional.

P: ¿Qué sorpresas le esperan a los espectadores de ‘Servicio Técnico’?

R: Van a encontrar una Teresa Perales que no imagina nadie, sorpresa total. Lo que más gusta de esta historia es la rapidez con la que ha sido inventada y fabricada, porque eso supone una dosis especial de frescura y espontaneidad. Es una peliculita muy de autor, he hecho lo que me ha apetecido y yo donde mejor me manejo es trabajando el humor absurdo, qué le vamos a hacer… Tengo que reconocer que cuando lo estaba montando, las cosas que iba viendo me hacían gracia una y otra vez.