Gente capaz

¡NO! al acoso escolar

Carla Herrero

1, 2, 3, 4… 2.920 días con la diana en la espalda dejan herida: “vivo regida por el miedo a que mis cicatrices se abran y me recuerden lo que realmente es sufrir”. Carla Herrero ha sido víctima de acoso escolar durante 8 años. Ahora que tiene 20 compagina sus estudios de psicología con un proyecto que lucha contra el maltrato en las aulas: “se puede salir pero hay que confesar: romper la cadena del silencio”. Si conoces otros casos de superación cuéntanos tu historia indicando en el asunto #gentecapaz.

Carla Herrero
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“Dedicado a todas las familias,
profesores con gran vocación,
a los que han sufrido y han sido lastimados,
los que luchan por la causa y prestan recursos,
a los que aman con el corazón,
a los que aún sin saberlo,
apoyando, abrazando, tendiendo una mano,
queriendo… salvan vidas”

(Carla Herrero)

Carla sabe convivir con el miedo. Fue su compañero durante ocho años, que se dicen pronto. Mañana, tarde y noche con el miedo a cuestas: “siempre estaba presente, el miedo a la soledad, a las burlas, incluso a los golpes… Miedo a todo”. Su mejor terapia ha sido volcar su experiencia en el proyecto de fin de bachillerato: “ver reflejado todo lo que he sido y comprobar científicamente que todo eso es verdad… pero hay que salir adelante, tienes que cambiar tú”. El día que fue consciente de lo avergonzada que se sentía de ella misma, “de lo mal que mis pensamientos hablaban de mí”, ese día, su cabeza cambió el chip. Fue un proceso muy largo y crucial el apoyo de su familia.

Rompe el silencio

Hace dos años y con el apoyo de Think Big Jóvenes, Carla decidió plantarle cara al acoso escolar poniendo en marcha un proyecto para ayudar a quienes lo sufren. Se llama Rompe el Silencio y promueve el mensaje de ser honesto con uno mismo y los demás, para luchar contra las consecuencias psicológicas que origina el maltrato escolar: trastornos de la alimentación, depresión, ansiedad, autolesiones, pensamientos suicidas… Se trata de “acompañar a los jóvenes en la importancia de pedir ayuda, de confiar y respetar a los demás y de darse cuenta del poder que tienen sus palabras sobre las personas y la sociedad.   Tengo pensado (¡y lo haré!), dar voz a todas aquellas personas que han pasado por alguna problemática determinada (enfermedades, pérdidas, addicciones, maltrato) y no han tenido la oportunidad de hacerlo. Hay mucha gente que escuchando vivencias reales, de superación, pueden ayudarles a sobrellevar situaciones”.

El poder de las palabras fue precisamente lo que estaba destrozando a Carla, por dentro y por fuera. Lo que ella llama “el dolor silencioso”, hecho con la angustia de tener que participar en clase, la soledad de quedarse siempre la última en los trabajos en equipo, o las ganas de llorar por miedo a equivocarse. “Empecé a llenar esos miedos  y esa soledad con comida y engordé hasta llegar al sobrepeso, lo que ocasionó burlas e insultos por parte de compañeros”.

Carla recuerda en detalle el día que fue a comprarse ropa porque había engordado y no podía vertirse: “me pasé mucho tiempo llorando por eso, por una absurda talla. Me miraba al espejo y no podía soportarme porque cada vez que me veía reflejada, resonaban en mi cabeza insultos y comentarios de menosprecio. Empecé a tener pesadillas relacionadas con mi peso, sentía que estaba en un callejón sin salida”.

La única salida era el  refugio de su familia: “lo único que me consolaba era ver a mi madre cuando me venía a buscar al colegio, que me abrazara y entonces sentía que todo estaba bien. Estar en mi casa me hacía bien. Ahí me sentía a salvo, amada, protegida”.

El cambio de colegio, una familia dispuesta a no tirar la toalla y el sueño de poder estudiar psicología una vez terminase el bachillerato le devolvieron la confianza en sí misma: “en esos dos años de bachillerato, con fuerza de voluntad y la ayuda de mi familia,  cambié mi mentalidad y empecé a adoptar un estilo de vida saludable mente-cuerpo”.

#Somoscapacesdetodo: cómo enfrentarse al acoso escolar

A Carla siempre le ha gustado la frase “aceptamos el amor que creemos merecer”. Recomienda tatuársela, si hace falta, porque es la máxima que te permitirá seguir al pie de la letra los consejos que ella misma nos da:
– Amarse a uno mismo: si tú crees que no te mereces nada, no esperes que alguien lo haga.
– Ve con cuidado: asegúrate de que amar a alguien no te duele y de que los comentarios de tus amigos o personas cercanas no te aporten más lágrimas que sonrisas.
– No seas duro, exigente ni cruel contigo mismo: la vida ya te juzga lo suficiente.
– Disfruta del camino,  las experiencias y las oportunidades.
– Trátate bien, como te gustaría que los demás te trataran.
– Si ves que tu entorno te menosprecia, no te culpes, no te exijas y no te castigues.
– Por favor, no calles.

Si te has quedado con ganas de leer más, te dejamos esta CARTA ABIERTA A UN ACOSADOR, por Carla Herrero.

“Lo siento, no os vi venir. Siento mucho no haberme defendido, no haber gritado ni haberme quejado lo suficiente. Siento mucho haber callado, haberos permitido que hicierais de mí lo que quisisteis. Que os rierais de mis carencias, de mis vacíos, de mis inseguridades, de mis defectos.

Lo pasé muy mal. Hubo momentos en los que para mí, la vida no tenía sentido. Y me duele decirlo. Me duele mucho. Más escribirlo, sabiendo que la causa fueron opiniones absurdas, comparaciones, valoraciones sin ningún fundamento.

Soy feliz de cumplir 21 años en diciembre. De estar aquí, y de haberlos podido vivir plenamente, de haberme equivocado en muchas ocasiones pero aprendido, de haber experimentado el llorar, pero de risa, no de pena. Y disfrutarlo.  Gracias. Gracias a vosotros sé que no dejaré tratarme mal. Gracias a vosotros sé que debo cuidarme, amarme y agradecerle a la vida un día más. Gracias a vosotros sé estar sola y aprendí a que no me diera miedo.

Gracias a vosotros sé que después de llorar, vendrá la sonrisa. Gracias a vosotros he descubierto la grandeza de la risa, de apreciar las pequeñas grandes cosas de la vida, de que en esta vida, hay más personas buenas que no tan buenas.

He descubierto la grandeza de no tener miedo a ser amado y amar. Es maravilloso. Gracias a vosotros, sé que mi tiempo en esta vida es limitado, que estoy aquí para sumar y aportar, y prometo intentar transformar los inviernos de corazones tristes, en primaveras.
Porque sea la lucha que sea en esta vida, todos hemos sobrevivido”.