Gente capaz

Propósito y voluntad

Carlos Guerrero Jiménez

Alguien dijo un día que el éxito en la vida no se mide por lo que logras sino por los obstáculos que superas. Carlos Guerrero Jiménez, sevillano de 28 años, sabe desde los 9 qué significa salir adelante a partir de la nada.

Si tienes una historia de superación cuéntanosla indicando en el asunto #gentecapaz.

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Soñar, reír, luchar con espadas… Cerrar los ojos con fuerza. Imaginar un golazo. Mañana toca partido. Contar ovejitas para dormir. Jugar. Caerte, levantarte. Sentirte capaz de todo. Y, de repente, la nada. Despertar y haberlo olvidado todo. Soñar, reír, jugar… TODO. Y tener que volver a aprender a luchar, esta vez de verdad. Y ser capaz.

Carlos volvió a nacer antes de cumplir los 10, un accidente de tráfico cambió su vida. Al despertar del coma no sabía nada: ni dónde estaba, ni qué pasaba, “ni tan siquiera quién era yo”. “No conozco cómo es tener 9 años y no tener que volver a aprender todo”, nos explica casi 20 años después del accidente.

Firme en su integridad, fuerte en su voluntad, Carlos no ha dejado de ser él ni en el peor de sus días. De hecho, todo lo que es en la actualidad se lo debe a esa nueva vida (“ni mejor, ni peor, distinta”) que le tocó afrontar con 9 años.

Volver a empezar. La familia, los amigos y su fuerza de voluntad actuaron como resorte. “Fuera lo que fuese lo que me hubiera pasado, no me iba a permitir nunca dejar de luchar hasta ser el mismo Carlos de antes, o mejor”.  Así que para lograrlo, se planteó un reto: volver a jugar al fútbol, “así conseguiría ser el de antes, o parecido”. ¿Hay mejor reto para un chiquillo de 9 años que volver a jugar al fútbol? Para un chico de metas, se ve que no.

La poesía también le ayudó. Descubrió a Machado gracias a los Reyes Magos y con 6 años empezó a escribir: lo que al principio eran “tonterías de niño chico”, se convirtió a raíz del accidente en una necesidad. Su refugio: “la forma más fácil de hablar desde los sentimientos” y volcar todo lo que no podía salir de sus labios.

Desde entonces nunca ha dejado de “intentar que todo se parezca, lo máximo posible, a lo que un día soñé: ser feliz, ayudar a los demás y  escribir”. Y no parece ir muy desviado: licenciado en Periodismo, hace más de 10 años que imparte clases de prevención y seguridad vial en colegios y autoescuelas, primero con la Policía Municipal y ahora, con la Asociación para el Estudio de la Lesión Medular (AESLEME). En esas charlas, Carlos sensibiliza a jóvenes escolares y a personas que han perdido puntos del carné de conducir sobre la responsabilidad al volante y los peligros de la carretera. El tiempo -la vida- también le da para dirigir espectáculos poéticos y recitar sus versos por distintas ciudades, así que ‘se patea’ los escenarios de toda España recitando sus poemas.
No ha querido despedir la entrevista con un verso, pero a cambio nos ha dejado una semblanza de sí mismo que dice así:

“Nací en una familia normal, siendo un chico normal, con gustos normales, miedos y fobias normales. Siempre fui un chaval preocupado por la comunicación y por la Sociedad, tal vez fuera por estar acostumbrado a escuchar a Iñaki Gabilondo.
A los 9 años, el 20 de Abril de 1997, mi familia y yo tuvimos un accidente de tráfico, del que resulté el peor parado. Tras pasar mi adolescencia entre colegios y hospitales, decidí colaborar con la Policía en materia de prevención vial.
El asunto parecía fácil: comentar mi experiencia para enseñar a la gente los riesgos y peligros de no llevar el máximo cuidado posible en la carretera. El primer día salieron dos chiquillos llorando y me sentí fatal e impotente. En ese mismo momento me di cuenta de que si algo podía hacer por la sociedad, era eso: seguir ahí, ir cada día con más entusiasmo y pensar que, si ayudo a que una persona no se mate, o no mate a los demás, estoy ayudando a que el mundo sea menos malo.
Me matriculé en periodismo y al acabar me hice un curso de especialista en gestión de redes. Desde chico me gustó la poesía y tras muchos años deambulando de escenario en escenario, le gusté a un editor, quien me pidió que escribiera un libro para su editorial. ¡Arde y punto! es mi primer poemario”.

P.D. Gracias, Carlos, por enseñar a afrontar la vida con coraje. Por recordarnos que #somoscapacesdetodo. Por escribir y divulgar. Por luchar y ser ejemplo para los que piensen que nada puede ir peor… Y en esos malos momentos que todos tenemos, recuerda aquellos versos tuyos que dicen: “el aire de la calle/sabe mejor cuando sabes/que sabe igual/que el que tú respiras”. Y vuelve a recitar ‘Llámame tonto’. Si es en público, mejor para todos.