Gente capaz

Corredora de la vida

Chadia Chaouch

La actitud ante los obstáculos sólo puede ser una. Así piensa Chadia, una mujer de orígenes franco-tunecinos que elige la carrera como la mejor manera de afrontar los problemas. Es una luchadora nata, una corredora de la vida. “Si puedo con esto, puedo con todo”. Hablamos con una Chadia invencible sobre su experiencia.

Si conoces a alguien cuya historia también demuestre que #somoscapacesdetodo, te animamos a que nos la cuentes indicando en el asunto #gentecapaz.

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Todos llevamos una espada de Damocles encima. Cuando informaron a Chadia Chaouch de que padecía cáncer de mama, comprendió que la propia enfermedad te enseña que la vida es un riesgo constante y que sólo hay una vía: aprender a vivir con ello.

Desde ese momento, Chadia se define como una corredora de la vida. Su enfermedad, detectada en 2008 y, posteriormente, en 2011, le ha enseñado a superar dificultades, una a una, con mayor o menor esfuerzo, pero siempre mirando hacia la meta: “Aunque no había corrido nunca, yo ya corría en mi cabeza una carrera de obstáculos. Cuanto más te retroalimentas de momentos positivos, más lo provocas, y a mí lo que más ayudó fue vivir sólo el momento presente”.

Chadia, que lleva más de 25 años en España, trabaja en una importante multinacional que le permite compaginar la jornada laboral con su labor de voluntariado.

 

Nuestra protagonista lleva siete años luchando por una causa que no siente como sólo suya: la actitud ante la vida con cáncer. Y en ningún momento ha perdido la sonrisa, es una fuente de positivismo y el ejemplo a seguir para miles de mujeres. Chadia habla del cáncer con total naturalidad, y no tiene miedo a la hora de revivir momentos. Recuerda, sobre todo, los apoyos que le ayudaron a seguir caminando hacia adelante: hablar con los compañeros de trabajo, con amigos, apoyarse en los profesionales de la salud, en algo más fuerte que ella: la espiritualidad, Dios o la fuerza del universo, como a cada cual le ayude… Decidió tirar hacia la vida y hacerlo acompañada. Es un ejemplo de que lo malo, en ocasiones, también nos ayuda a descubrir cosas positivas en nosotros que parecían escondidas. Chadia aprendió a quererse más en cuerpo, mente y espíritu, y que el cáncer o cualquier otra enfermedad también es una expresión de lo que llevamos dentro:

“La enfermedad es un grito del alma ahogada en un cuerpo que no la escucha”

Durante el rato que pasamos juntas, Chadia no paró de repetir lo importante que había sido para ella la labor de su médico, el Dr. José Ignacio Sánchez Méndez, en el Hospital de la Paz, donde fue tratada. Sobre todo, en el momento de darle la noticia sin dramatismos y transmitiendo mucha esperanza. Ella está totalmente segura de que “el cómo y dónde se da la noticia tiene un impacto gigante en el paciente”. A raíz de ello, ha decidido permanecer activa y ayudar a otras personas que pasan una situación similar a la suya. A parte de su trabajo, es voluntaria en el Hospital La Paz. Da charlas a médicos, a empresas, a enfermos y trabajadores sobre su experiencia y cómo dar la noticia al paciente y acompañar: “Vivo el voluntariado como vivo la vida, es sentir cada momento, escucho. Estoy abierta a lo que la otra persona me va a decir, no es importante lo que tú digas, sino lo que escuchas de esa persona. Desgraciadamente en la vida estamos poco a la escucha y mucho al habla.”

Entre sus ideas, ha surgido una iniciativa para las salas de espera de las unidades de Mama y Oncología. Se trata de un Decálogo de Vida, con el objetivo de “humanizar más los hospitales”, un lugar donde los pacientes pasan mucho tiempo. El decálogo consiste en una serie de sugerencias optimistas de autocuidado emocional y, además, una caja en blanco para que libremente se añadan nuevos pensamientos: “Vimos cómo cada vez el decálogo se iba llenando más y más; en algunos, ya no hay hueco en blanco”.

Chadia Chaouch

En diciembre de 2013, Chadia publicó su primer libro, Corredora de la vida (ed. Pigmalión), el cual va camino de su tercera edición. En este testimonio de vida la autora cuenta, desde un punto de vista muy sincero y optimista, cómo fue su experiencia, con sus debilidades y fortalezas, pero siempre desde la actitud de una verdadera ganadora. Con el tratamiento de quimioterapia, Chadia engordó 35 kilos y, a raíz de ello, comenzó a correr, dentro y fuera de la pista. Nunca antes lo había hecho, pero ejemplo de su determinación fue acabar una ultramaratón de 75 kilómetros en Kenia. Admite que le encanta por la sensación de libertad que le da: “Cuando corres, vuelas y parece que desapareces, todas tus preocupaciones se van. Siento que no existe el tiempo ni espacio, que estoy en todas partes. Siento que no hay nada que me pueda superar, que puedo con todo”. No obstante, cada uno tiene su ritmo, ¿a qué velocidad debería correr una corredora de la vida? “Poniéndonos siempre un poco más de los que podemos, un paso más, y disfrutando del camino”, explica Chadia.

“El deporte te ayuda a liberar tanto las toxinas emocionales como físicas que tenemos.”

Hablar con esta corredora de la vida demuestra que no existen barreras suficientemente altas para ella. Está dispuesta a extender su positivismo a todos aquellos que lo necesiten. En su labor como voluntaria en el acompañamiento de enfermos de cáncer, Chadia escucha, comparte su experiencia y, sobre todo, anima. En ocasiones no le hace falta ni hablar, su sonrisa lo hace por ella. “Intento ser coherente con lo que vivo –concluye-, soltar las riendas y confiar en la vida”.