Gente capaz

Intentan lo imposible

Jota y Fran

Jota sacó a Fran “del dique seco” y Fran dio a Jota la oportunidad de hacer realidad un sueño. Triatletas, compañeros de tándem y, ante todo, amigos. Juntos forman un equipo que se compenetra a la perfección, incluso con el inglés: uno pone la vista en los mapas y el otro el oído y la traducción. Nada les frena, por su cabeza nunca ha pasado la palabra rendirse y en cada reto demuestran que “con actitud y motivación, todo se puede lograr”.

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Estos dos madrileños llevan, aproximadamente, 30 competiciones de triatlón oficiales a sus espaldas. Son campeones autonómicos en esta modalidad, subcampeones de España de Duatlón y medalla de oro en el Test de Triatlón para los Juegos Paralímpicos de Río 2016. “Teníamos que solucionar el ‘piscinazo’ que se marcó Jota con su doctora”, bromea Fran. Sus objetivos de cara al nuevo año son el Campeonato de Europa y el Campeonato del Mundo de Triatlón.

Jota y Fran llevan compartiendo entrenamientos, competiciones, aventuras y anécdotas desde 2012, año en el que los médicos comunican a José Luis García (Jota) que ya no volvería a recuperar la vista. “Cuando la doctora me dio la noticia, le dije que no se preocupase y que me buscase en los Juegos de Río 2016 porque me iba a ver por algún lado. Fui un poco fanfarrón, pero en ese momento tuve claro que iba a luchar por aquello que mi enfermedad me había impedido hacer toda la vida: practicar deporte de alto nivel”, cuenta Jota.

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Aquí es donde entra Fran Nieva, bombero del Ayuntamiento de Madrid y triatleta durante muchos años. “Él siempre ha sido para mí un referente, tanto a nivel deportivo como personal, por eso cuando me quedé ciego decidí proponerle la idea de que fuese mi guía en las competiciones. No se lo pensó mucho y rápidamente empezamos a disfrutar”, asegura Jota. “Tampoco estaba el mercado de guías muy allá, en Decathlon estaban agotados”, comenta, entre risas, Fran.

Para Nieva, que ya se iba a retirar del triatlón, esta es otra época: ” y más bonita todavía porque lo que hacemos al final es una labor en equipo. Es una forma diferente a como lo vivía yo. En las otras competiciones sólo pensaba en mí y en mis intereses. Jota me sacó del dique seco”.

Entre Jota y Fran se ha creado un gran vínculo, una unión imprescindible. Comparten un sentimiento deportivo, pero también aventurero. Como ellos mismos describen: “donde más a gusto nos sentimos es fuera de la zona de confort“. Por este motivo, además de lo meramente competitivo, siempre buscan pruebas donde puedan superar nuevos retos: “Jota ha sido el primer invidente en participar en una Carrera por Etapas de Mountain Bike en la Comunidad de Madrid y el primero en participar en un Triatlón de Invierno. Eso nos motiva a nosotros, pero además demuestra que las personas ciegas pueden participar en muchas más pruebas de las que les permiten. Con esto también abrimos el camino a los que vienen por detrás”.

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Una cuerda les une las manos durante la carrera, otra en el pie le sirve a Jota de guía durante la natación y el tándem es su vehículo en la etapa en bici. “¿Sabes cómo funciona el tándem, no? Jota va en el sillín de delante y yo voy en el de detrás diciéndole: derecha, izquierda, frena, tumba más…”, bromea Fran.

Su complicidad y su humor hacen que los momentos más duros de las competiciones se conviertan en una divertida anécdota. El mejor ejemplo es lo que les ocurrió en la última etapa de Mountain Bike de la Comunidad de Madrid. Su relato refleja a la perfección la unión que han creado Jota y Fran:

Fran: “La última etapa fue psicológica y físicamente dura. Tuvimos un par de puntos en los que si mirábamos hacia atrás estábamos muy lejos y si mirábamos hacia delante también”.

Jota: “Él siempre me va describiendo lo que hay o lo que va quedando. En ese punto, le dije: “Fran cuéntame algo”. Y él me dijo: “Qué quieres que te cuente si es todo igual”. Entonces empezamos a hablar de cosas muy banales para intentar que la cabeza estuviese distraída.

Fran: “En ese momento pensé: si caigo yo, que soy el que va viendo y el que va guiando, caemos los dos. Al poco, empecé a notar que iba mal, que no había calculado bien lo que nos quedaba. Al ser una edición cero, los kilómetros y la altitud que indicaba el mapa no se correspondía con la realidad. Medí mal y noté que estaba desfondado. Le dije a Jota que parábamos para estirar, aunque realmente yo quería comprobar cómo estaba. En el momento en el que me bajé de la bici, me mareé. Aún nos quedaba una tirada larga para llegar, empezábamos a tener frío, nos habíamos quedado sin agua y llevábamos la comida justa.

En el punto en el que peor lo estaba pasando, Jota me preguntó: “¿Cuánto llevamos?” Cuando le dije que íbamos a hacer ocho horas, se quedó pensando y en el momento más duro dijo: “¡Ostras! Una jornada laboral dando pedales”. Al escucharle me entró tal ataque de risa que me subió los ánimos. Comí un poquito, empezó a entrar la glucosa en la sangre, nos recuperamos y seguimos hasta el final”.

Un ejemplo de compañerismo, amistad y superación. Jota y Fran demuestran, en cada una de sus competiciones y en su día a día, que con actitud y esfuerzo todo se puede lograr. “Siempre procura dar una vuelta más de tuerca, salir de la zona de confort e intentar lo imposible”.

Casualidades de la vida, nuestra embajadora Teresa Perales dio un pequeño empujón a Jota en la lucha por su sueño. “Viniendo un día de Zaragoza, coincidí con ella en el tren. Yo no la conocía pero empezamos a hablar de deporte, superación, discapacidades… Y sin comentarle en ningún momento que mi objetivo era el triatlón, me dijo que ese sería el deporte más adecuado para mí. Sus palabras me animaron a luchar y salir de mi zona de confort”, termina contándonos Jota.