Gente capaz

Dani Rovira en el cine

Ramón Arroyo

Hay vidas que merecen ser contadas. La de Ramón Arroyo llegará a los cines a finales de este año, con Dani Rovira convertido en el ironman de una historia sobre esclerosis múltiple y gente capaz. Para contarla, tenemos que remontarnos a 2004, cuando un médico le dijo que no iba a poder correr ni cien metros. Lo que no sabía es que para Ramón, “rendirse no es una opción”.
Si conoces otras historias de Gente Capaz, cuéntanosla.

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+

“Soy Ramón Arroyo, tengo 44 años, estoy casado con la mujer más grande del mundo, que mide 1,49 y se llama Inma. Tenemos dos niños, Borja y Martín, de 8 y 6 años. Se me conoce porque tengo esclerosis múltiple, otro rasgo de mi personalidad desde 2004”.

Ramón es uno de los cuatro ironman con esclerosis múltiple que hay en el mundo. Nadar casi 4 kms, pedalear 180 en bicicleta y 42,2 kms. corriendo… En eso consiste la prueba más dura del triatlón. Poco, comparado con el camino que tuvo que recorrer nuestro protagonista hasta asimilar que tenía una enfermedad degenerativa.

ramon-arroyo-triatleta-730

Con 32 años le diagnosticaron esclerosis múltiple, que padece uno de cada mil españoles: “no vas a poder caminar ni cien metros”, le dijo uno de los médicos con los que se topó en su camino hacia la aceptación.

Una vida de película

100metros-pelicula-cartel

La vida de Ramón Arroyo ha inspirado una historia de cine. La película se titula ‘Cien metros’, la dirige Marcel Barrena y se estrenará en noviembre de 2016. Protagonizada por Dani Rovira, supone el primer papel dramático del actor de ‘Ocho apellidos vascos’, que ha tenido que transformarse para meterse en la piel de Ramón Arroyo.

En la vida real, como en el cine, este biopic es la historia de cómo un batacazo vital se convierte en una motivación para seguir adelante y poder ayudar “aunque solo sea a una persona”.

La enfermedad de Ramón de benigna no tiene nada, pero él ha decidido contarnos la parte más amable. Sabe que “las cosas feas no venden” y su objetivo es hacernos ver una enfermedad invisible. Generar conciencia. “El 99% de las referencias que hay de la esclerosis múltiple (EM) son negativas. Decir EM significa pensar en silla de ruedas. La silla de ruedas es una realidad, pero es una realidad del 15% de los afectados de EM. La muleta o andar con dificultad supone un 20% de los afectados de EM”, aclara.

Así es como la enfermedad de las mil caras ha encontrado en Ramón un rostro amable, un chute de energía contra las cosas malas a las que nos pueda enfrentar la vida. Un ejemplo de superación. Pero detrás del ironman con esclerosis múltiple hay mucho más, y no todo tan bonito.

Cuando le diagnosticaron la enfermedad, el mundo se le vino encima: “el miedo, la incertidumbre, la propia adaptación al cambio, la fatiga extrema que se siente, la pérdida de sensibilidad, de visión…  tener que adaptarte a todo eso no es fácil y exige un tiempo de adaptación. El que diga lo contrario, miente”. Y así estuvo unos años, a la deriva, hasta que nació su hijo Borja y le lanzó una ‘señal’ desde la cuna.

Con sus dos hijos, Borja y Martín

“Una noche no podía dormir, Borjita estaba moviéndose en la cuna. Me senté a su lado en el suelo… Fue curioso, no sé si creo en algo, pero sí creo en los símbolos y señales. Ese día, el niño se movió y le salió el brazo entre los barrotes de la cuna… pudo haber sido casual, pero fue como si me estuviera tendiendo la mano. Entonces yo se la cogí y le dije: “vamos a intentarlo”. Me di cuenta que yo podía llevarme mal con la enfermedad pero que el niño no tenía culpa de nada, él no había escogido venir aquí. Fue ahí cuando mi vida cambió mucho y a mucho mejor”.

Cuando dejas de hacerte el héroe, te pones en manos de los que saben y te rodeas de un buen equipo, entonces, las cosas funcionan

Ese cambio de actitud le llevó también al deporte. Empezó a caminar, paso a paso, un metro, dos… después correr, luego bici, natación… hasta llegar al triatlón, que aunque se escribe pronto en realidad fue un proceso muy largo. Constancia, sufrimiento, tenacidad, esfuerzo… “Nada ocurre de repente. No es como en las películas de Hollywood, que chico conoce chica, se enamoran, se casan, tienen niños y son felices. No (risas irónicas). Esto fue un proceso muy lento. A aquel famoso médico que me (mal) trató, le pregunté si podía hacer algo para controlar la enfermedad; y como yo de chaval corría, le dije: ‘¿y si pierdo peso, me pongo a correr y me cuido?’ Y me dice: ‘¡bah! ¿correr? Si no podrás correr ni 100 metros’. Me lo creí a pies juntillas”… Hasta que un día, decidió ponerse las zapatillas y salir a caminar.

ramon-arroyo-protagonista-dani-rovira-730

Una intención y tres folios

Superada la barrera de la aceptación, a Ramón empezó a irle todo bien: “lo tenía todo supercubierto. Me llevaba bien con la enfermedad, era feliz, en el trabajo fenomenal…”. Pero, entonces, la vida volvió a ponerle a prueba. Otra señal.

Un día, un joven recién diagnosticado llegó a “la sala de escles” del hospital donde Ramón recibía el tratamiento: “lo que vio y escuchó fue un escenario nefasto para un recién llegado. Una enfermera me pidió que le contase mi versión y, al escucharme, al chaval le cambió la cara:
– ¿Me estás diciendo que voy a poder seguir corriendo?”, le dijo el chiquillo.
– No. Te estoy diciendo que no permitas que nadie te diga que no puedes hacer algo. Puedes hacer todo lo que te propongas, adaptándote a las limitaciones que tengas en cada momento, ya sean definitivas o provisionales. Pero no dejes de hacer nada. Yo he perdido el tiempo, años sin hacer nada, sobreviviendo…”

Ramón salió de allí tocado, “ya no por mí, porque yo tuve suerte y equipo; pero ese chaval igual no la tenía”. Ahí fue cuando se empeñó en dar visibilidad a su experiencia: “si no lo hacía yo, nadie lo iba a hacer por mí”. Esa tarde, escribió tres folios con un objetivo claro: ayudar a los demás. “Me bastaba con que mi historia llegase a un chaval como el que había conocido”.

Su proyecto fue creciendo y Ramón Arroyo, el ironman de la esclerosis, empezó a aparecer en los medios:

En su camino hasta conseguir “llevarse bien” con la enfermedad, Ramón ha aprendido muchas cosas. “He tenido la suerte de darme cuenta de lo que es realmente importante: poder ver el azul del cielo, estar cerca de los míos, respirar, ayudar a los demás y ser feliz”. Y tras esta carrera de fondo que empezó con el diagnóstico, ahora ha llegado el momento de poder respirar y decir muy alto: “me siento mucho mejor persona y más a gusto, conmigo mismo y con los demás”.

Si te rindes, te gana.
No te rindas, convive con ello.

La próxima vez que veamos a Ramón será en el estreno de ‘Cien metros’, con Dani Rovira metido en su piel, en la sala de infusiones con los otros ‘escles’. Para entonces, nuestro protagonista ya habrá escrito nuevos capítulos de la historia de su vida. Saboreando cada segundo, como si no hubiera un mañana.